Cuando las tormentas nos afectan

Las tormentas no suelen ser agradables. Los vientos y las lluvias causan preocupación y según la dimensión de la misma, hasta temor. Saben dejar consecuencias a su paso: Inundaciones, destrucción de bienes materiales y hasta la pérdida de vidas.

La  biblia, relata en los evangelios que en cierta ocasión el Señor Jesús subió a una barca junto a sus discípulos para trasladarse  a otra población a continuar con su tarea evangelizadora. Todo iba bien, parecía un viaje normal, hasta que de repente, se desató una gran tormenta.

“Y entrando él en la barca,  sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tormenta, tan grande que las olas cubrían la barca;  pero él dormía”. (Mateo 8:23, 24)

En aquel entonces no había pronóstico del tiempo extendido, y mucho menos alertas meteorológicos, así que la situación los tomó por sorpresa  y se llenaron de miedo. No es para menos, podríamos decir que  la reacción de ellos fue algo normal, a cualquiera de nosotros seguro nos hubiera pasado lo mismo.

Varios de los discípulos estaban acostumbrados a este tipo de situaciones, no nos olvidemos que algunos de ellos eran pescadores y solían pasar buen tiempo de sus vidas en alta mar.

Pero en ese momento, los discípulos se acordaron que Jesús viajaba con ellos. ¿Cuántos se acuerdan de Dios solo en los momentos de dificultad, de tormentas? Pero para sorpresa de ellos, el Señor estaba durmiendo. Dice la Biblia que lo despertaron y le contaron lo sucedido. Inmediatamente Jesús prueba su fe y los desafía a creer en El.

“Y vinieron sus discípulos y le despertaron,  diciendo: ¡Señor,  sálvanos,  que perecemos!” “¿Por qué teméis,  hombres de poca fe? Entonces,  levantándose,  reprendió a los vientos y al mar;  y se hizo grande bonanza”. (Mateo 8:25, 26)

¿Cuántas tormentas pasan por nuestras vidas a lo largo de nuestra existencia?

Discusiones familiares, que hacen que integrantes de la casa se distancien. Problemas económicos, de la salud, etc. Este tipo de “tempestades” causan, incertidumbre, preocupación y un lógico temor. Nuestra embarcación puede ser la casa, el trabajo, el matrimonio, la pareja y podríamos citar muchas más, encontrándose   a la “deriva”, en un mar de dudas.

A veces pensamos como los discípulos en la barca, que Jesús “duerme”, pero Él está velando por nuestro bienestar y nos anima para que no cedamos a la tentación de lanzarnos “al agua” cada vez que sentimos que las adversidades amenazan nuestros sueños, proyectos y en ocasiones hasta nuestra propia existencia.

Es alentador saber que cuando se pasa por este tipo de “tormentas” con climas “adversos”, Dios está en nuestra “barca”, y  como cuenta el relato bíblico, no solo la tormenta calmará, sino que también el Creador responderá a nuestras necesidades y nos protegerá. Además nos dará la posibilidad de llegar al otro lado de la “orilla”, como en el viaje de los discípulos. Podríamos decir, alcanzar nuestros sueños y objetivos.

Cuando los discípulos vieron el obrar del Señor Jesús, dice la biblia que “se maravillaron,  diciendo: ¿Qué hombre es éste,  que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mateo 8:27)

Cuando estamos dispuestos a poner nuestra confianza en Dios, por más dura que sea la tormenta, Él siempre nos va a sorprender.  Tengamos en cuenta que  si cambia mi ser interior, cambia mi ser exterior.

Pastor Aldo Pier

Face: Aldo Daniel Pier

aldopierpr@hotmail.com

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